Después de mirarle por un rato los ojos y las escamas a la serpiente me enamore, hizo que algo en mi cerebro se activara, seguramente la zona del reptil. Los juegos empezaban y con ellos el ardor en mi lengua, es que había decidido cambiar mis acciones, ahora el mirarle por un rato los ojos y las escamas a la serpiente no era cuestión de contemplar, si no de seducir de la forma mas salvaje y peligrosa. Después de determinado tiempo pero sin no todavía haber terminado este recibí respuesta, ahora los juegos eran cada vez mas inquietantes y con ellos el quemar en mi lengua cada vez mas larga, yo miraba sus colmillos y ella miraba el mío. El próximo paso estaba apunto de llegar, pero la seducción paso a ser perversión, la buscaba, la encontraba, la seguía, la miraba, se asustaba. Seguramente la zona del reptil halla desplazado a las otras zonas del cerebro, es que los juegos y la temperatura que aumentaba cada vez mas en mi lengua habían logrado tomar el poder de decisión en mis acciones. Nunca hubo un cada vez mas inquietante.